julio 21, 2026 10:34 am

Parroquia de la Divina Pastora, el corazón de San Francisquito que resiste al paso del tiempo y fortalece a su comunidad

Querétaro. En medio del crecimiento urbano, la movilidad de la población y los cambios que enfrenta uno de los barrios más tradicionales de Querétaro, la Parroquia de la Divina Pastora, conocida también como templo de San Francisquito, continúa siendo mucho más que un recinto religioso: es un espacio de encuentro, identidad y solidaridad para miles de habitantes, especialmente para las personas adultas mayores que han hecho de este lugar parte de su historia de vida.

La construcción del templo comenzó el 30 de agosto de 1785 y fue consagrado el 8 de septiembre de 1786. Originalmente fue una de las antiguas capillas de indios de la ciudad y recibió el nombre de Divina Pastora por la imagen de la Virgen María sentada al pie de una palma, cuidando un rebaño de ovejas. Con el tiempo, el barrio comenzó a identificarlo como San Francisquito, debido a que San Francisco de Asís es el santo patrono de la zona.

El párroco Leodegario Sergio Ramírez González explica que la parroquia atiende a una comunidad de entre cinco mil y siete mil personas, donde predominan los adultos mayores. Cada mes, alrededor de un centenar de ellos participa en celebraciones y convivencias organizadas por la parroquia, actividades que buscan combatir la soledad y fortalecer los lazos entre vecinos que han visto transformarse el barrio a lo largo de las décadas.

Consciente de esa realidad, la comunidad impulsa actualmente un proyecto para mejorar el Salón del Adulto Mayor, ubicado dentro del terreno parroquial. El objetivo principal es instalar una techumbre, además de equiparlo con mobiliario que permita realizar reuniones, actividades recreativas, encuentros de grupos parroquiales y eventos comunitarios durante todo el año. La iniciativa se financia mediante una campaña de recaudación entre los propios feligreses, reflejo del sentido de pertenencia que aún caracteriza a San Francisquito.

El sacerdote aclaró que estas obras no requieren autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ya que no afectan la estructura histórica del templo. Asimismo, recordó que en la parte posterior del predio, con asesoría de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se desarrollaron proyectos para habilitar un estacionamiento y un espacio que funciona como un atrio alterno para actividades comunitarias.

La labor social de la parroquia va más allá de las celebraciones religiosas. En sus instalaciones opera un dispensario que recibe medicamentos donados, verifica que estén en buenas condiciones y los entrega gratuitamente a quienes los necesitan. Cuando existe excedente, los fármacos también son distribuidos entre otros dispensarios pertenecientes a la Diócesis de Querétaro, convirtiéndose en una red de apoyo para familias de escasos recursos.

Otro de los servicios que brinda el templo es un programa de apoyo funerario. Mediante una cuota anual, los socios cuentan con respaldo para cubrir servicios básicos como el ataúd, el traslado del cuerpo y la asesoría para realizar los trámites correspondientes tras el fallecimiento de un familiar, un alivio económico importante para muchas familias del barrio en momentos de profunda dificultad.

Aunque San Francisquito ha experimentado fenómenos como la gentrificación, la llegada constante de nuevos habitantes y la transformación de antiguas vecindades, el padre Leodegario considera que aún existe una fuerte conciencia comunitaria. Muchas personas, incluso quienes ya no viven en el barrio, regresan porque ahí fueron bautizadas, crecieron, celebraron sus sacramentos o descansan sus familiares, manteniendo un vínculo que trasciende generaciones.

Foto: Especial

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