julio 21, 2026 10:56 am

Las lenguas que no se rinden en Qro y Ags

En Querétaro, el censo 2020 del INEGI registró 31,383 hablantes de lengua indígena de tres años o más, un alza de 3.7% frente a los 30,256 reportados en 2010, lo que confirma un crecimiento moderado.

La lengua indígena más hablada en el estado es el Otomí, con unos 22 433 hablantes, seguida por el Náhuatl, con alrededor de 3 442, luego el Mazahua (aproximadamente 810 hablantes) y el Zapoteco (alrededor de 720 hablantes).

Sin embargo, existe controversia sobre el número real de hablantes: en 2024 se difundió un dato que estima que cerca de 53 mil personas en Querétaro hablan alguna lengua indígena, cifra considerablemente mayor que la oficial del censo 2020 (31 mil). Esa estimación —publicada en un medio local— indica un crecimiento en la autopercepción bilingüe o multilingüe, aunque no todos esos hablantes podrían considerarse hablantes activos de lengua materna.

En contraste, en Aguascalientes la situación es muy distinta: de acuerdo con datos recientes, hay unas 5 552 personas que se identifican como indígenas, lo que representa aproximadamente el 0.39 % de la población estatal. Pero menos de la mitad de ellas —unos 2 500–3 000— declaran hablar alguna lengua indígena; es decir, solo cerca del 0.19 % de la población total del estado tiene un idioma originario como lengua.

La baja proporción en Aguascalientes evidencia un patrón de migración, dispersión familiar o integración lingüística rápida: muchas personas de origen indígena podrían estar adoptando el español como su lengua principal.

Aunque en Querétaro hay un ligero aumento en hablantes declarados, la proporción sigue siendo baja: representan entre el 1 % y el 2 % de la población mayor de tres años.

Este panorama —un crecimiento modesto en Querétaro y una casi desaparición del uso activo en Aguascalientes— revela una tendencia preocupante: el mantenimiento de las lenguas originarias —como el Otomí, Náhuatl, Mazahua o Zapoteco— se aferra gracias a comunidades consolidadas, tradición familiar, transmisión intergeneracional y conciencia cultural. Pero también enfrenta una fuerte erosión por migración, urbanización y cambios demográficos.

Por tanto, aunque los datos muestran que aún existen hablantes nativos en estas entidades, las cifras siguen siendo bajas comparadas con otras regiones del país, y el uso cotidiano de esas lenguas podría estar en riesgo. La aparente discrepancia entre declarantes en encuestas recientes y censos oficiales sugiere además un fenómeno de “identificación cultural” que no siempre coincide con el dominio fluido del idioma.

En ese contexto, el futuro del multilingüismo en Querétaro y Aguascalientes dependerá en buena medida de políticas públicas de preservación lingüística, de iniciativas de educación bilingüe, de redes comunitarias que fomenten la transmisión a jóvenes generaciones y de un reconocimiento social más amplio de la diversidad cultural que aún persiste.

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