julio 21, 2026 11:14 am

Entre trompos y pantallas: la batalla por el Día de Reyes

En la antesala del Día de Reyes, los mercados muestran dos mundos: los juguetes tradicionales de madera y hojalata, y los dispositivos modernos que hoy dominan los deseos de miles de niñas y niños.

La disputa no es nueva, pero cada año se hace más visible, especialmente entre artesanos, comerciantes y familias que buscan mantener viva una tradición cada vez más arrinconada por la tecnología.

En mercados como La Cruz en Querétaro o el Morelos, en Aguascalientes, los artesanos aún colocan trompos torneados, yoyos de madera, baleros decorados a mano, muñecas de trapo y carritos de carrizo. Muchos de ellos son fabricados por familias que han transmitido su oficio por generaciones y dependen de esta temporada para sostenerse durante buena parte del año. Pero reconocen que hoy la competencia ya no es con otros talleres: es con las grandes cadenas y las compras en línea.

Los Reyes Magos de 2025 enfrentan una lista de deseos marcada por tablets infantiles, drones miniatura, videojuegos, figuras coleccionables, consolas portátiles y robots interactivos. Para muchas familias, estos juguetes representan habilidades tecnológicas, conectividad y aprendizaje digital, un argumento que los fabricantes tradicionales no pueden combatir con facilidad.

Aun así, los juguetes tradicionales no han desaparecido. En varias ciudades del Bajío se observa un repunte de padres y madres que buscan “algo que no sea pantalla”, un objeto que fomente la creatividad manual o que conecte a sus hijos con su propia infancia. Comerciantes aseguran que el aumento no es masivo, pero sí constante: más familias compran un juguete moderno y uno tradicional para equilibrar el regalo.

Los expertos en desarrollo infantil advierten que la disputa no debe verse como un enfrentamiento entre modernidad y nostalgia. Cada tipo de juguete cumple una función diferente: mientras los dispositivos digitales pueden estimular habilidades tecnológicas y resolución de problemas, los juguetes tradicionales fortalecen la motricidad, la imaginación y el juego social que no depende de una pantalla.

Para los artesanos, el desafío es sobrevivir en un mercado donde el precio no siempre compite con las ofertas digitales. Algunos han comenzado a modernizarse: venden en redes sociales, personalizan sus piezas o incorporan colores y diseños contemporáneos. Otros se niegan a cambiar: “El juguete tradicional no necesita baterías porque funciona con la imaginación”, dice uno de los vendedores más antiguos del mercado.

En esta víspera de Reyes, ambos mundos se medirán de nuevo. Pero entre drones que vuelan y trompos que giran, la discusión de fondo no es cuál juguete ganará, sino qué tipo de infancia queremos conservar en un país donde la tradición sigue apelando a la memoria, incluso frente a la pantalla más brillante.

 Nos interesa tu opinión  

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *