Ciudad de México. El conflicto, marcado por ataques masivos del 28 de febrero, que causaron la muerte del líder inarí, Alí Jamenei, y el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por la Guardia Revolucionaria iraní, ha disparado los precios energéticos globales y genera inflación, volatilidad cambiaria y riesgos de recesión en la región.
El precio del Brent cerró el viernes en torno a los 72-73 dólares por barril, pero ya en operaciones extrabursátiles del domingo subió alrededor del 10%, alcanzando cerca de 80 dólares, con proyecciones de analistas que lo ven superando los 100 dólares si el bloqueo persiste.
Este salto inmediato responde al temor por la interrupción de hasta el 20% del petróleo mundial que transita por Ormuz.
En México, importador neto de combustibles pese a ser productor, el encarecimiento del crudo significa un posible gasolinazo, los precios de Magna y Premium podrían subir 15-30% en semanas, dependiendo de subsidios y ajustes al IEPS.
Esto podría alimentar la inflación general, elevar costos de transporte, alimentos, manufactura y afectar al nearshoring que también depende de energía.
El peso mexicano enfrenta presión adicional por el dólar fuerte como activo refugio en tiempos de crisis geopolítica, lo que encarece importaciones y deuda externa.
Bancos centrales regionales podrían retrasar recortes de tasas, complicando el crecimiento ya frágil por sequías y nearshoring incierto.
En América Latina, los exportadores netos de petróleo como Venezuela, Colombia, Ecuador y Brasil ganan temporalmente con mayores ingresos fiscales por barril más caro. Sin embargo, si el conflicto escala y reduce la demanda global (por recesión), los precios podrían incrementarse después, dejando vulnerables a estos países.
Los importadores netos (Chile, Perú, Argentina, Centroamérica y gran parte de la región) podrían sufrir más: inflación energética fuerte encarece electricidad, transporte y fertilizantes, golpeando el poder adquisitivo y cadenas de suministro.
Remesas desde EE.UU. podrían resentirse si allá sube la inflación y frena el empleo.
El nearshoring en México y Centroamérica ve riesgos mayores por costos logísticos y energéticos elevados, lo que podría desviar inversiones hacia otros destinos.
Mercados bursátiles regionales ya muestran volatilidad y aversión al riesgo ante la prima geopolítica del petróleo.
Escenarios a corto plazo varían: si el bloqueo de Ormuz se levanta rápido, el Brent se estabiliza en 80-90 dólares con inflación moderada; en el peor caso (bloqueo prolongado + ataques hutíes), precios mayores a 120 dólares podrían desencadenar recesión global leve y fuerte ajuste en la región.
Foto: Reuters





