julio 21, 2026 10:56 am

Del manglar al arrecife; así destruye el petróleo el ecosistema del Golfo de México

Ciudad de México. A decir de expertos, el derrame de hidrocarburos que se encuentra en estos momentos en el Golfo de México ha convertido el Corredor Arrecifal del Suroeste en una zona de sombra tóxica.

 Más de 630 kilómetros de costa, desde Tamiahua hasta Paraíso, Tabasco, están impregnados de chapopote, afectando 125 arrecifes coralinos y rocosos vitales para la biodiversidad marina.

Lo que parecía un incidente localizado y que ahora se extiende, es un ecocidio que envenena un ecosistema que tardó milenios en formarse.

Los manglares de la Laguna del Ostión son los grandes olvidados de esta tragedia. Especies de mangle rojo, negro y blanco se asfixian bajo una capa negra que bloquea la luz y el oxígeno. Allí habitan cangrejos peludos y azules protegidos por la NOM-059, nutrias y aves migratorias; ahora, sus raíces se pudren y el hábitat entero colapsa

Biólogos marinos explican que bajo el agua, los arrecifes coralinos sufren un ataque silencioso. El petróleo cubre pólipos y algas, deteniendo la fotosíntesis y desatando una cascada mortal. Expertos advierten que el uso de dispersantes químicos, si se aplica, empeoraría el daño en corales, moluscos y mamíferos marinos, creando un veneno secundario peor que el original.

A lo anterior, se suma la temporada de anidación de tortugas marinas poniendo a  cinco especies en riesgo —laúd, verde, caguama, carey y lora; al menos se han encontrado diez ejemplares muertos o cubiertos de brea. Sus huevos y crías enfrentan un mar tóxico donde el chapopote se adhiere a sus caparazones, impidiendo que respiren o naden hacia la libertad.

También delfines y manatíes pagan el precio más visible y desgarrador. Al menos dos de cada especie han sido hallados sin vida, con hidrocarburos incrustados en su piel y pulmones. Estos gigantes gentiles, que surcaban estas aguas  ahora flotan inertes,

Aves como pelícanos y otras migratorias caen en picada literal. Un pelícano muerto cubierto de chapopote es solo la punta del iceberg: sus plumas se pegan, pierden el aislamiento térmico y mueren de hambre o hipotermia. El petróleo contamina también sus nidos y zonas de alimentación en lagunas y esteros.

La cadena alimenticia se rompe desde la base. Peces, camarones, lizas, robalos y crustáceos absorben toxinas que suben hasta los depredadores superiores. En la Laguna del Ostión, el cultivo de ostiones y almejas está contaminado; los manglares muertos dejan sin refugio a crías de especies comerciales, anunciando un colapso pesquero que durará años.

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