Ciudad de México. En el marco del Día Internacional de los Bosques Tropicales, México destaca como uno de los países con mayor riqueza de ecosistemas forestales tropicales en el mundo, al contar con aproximadamente 31 millones de hectáreas de selvas tropicales, de acuerdo con información oficial de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).
Este tipo de ecosistemas incluye selvas altas, medianas y bajas, así como selvas secas y espinosas, distribuidas principalmente en el sureste del país, en estados como Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tabasco y la Península de Yucatán, regiones consideradas estratégicas por su alta biodiversidad.
A nivel nacional, los ecosistemas forestales en México abarcan alrededor de 138 millones de hectáreas, de las cuales cerca de 21.9% corresponden a selvas, incluyendo los bosques tropicales húmedos y secos, según el diagnóstico ambiental más reciente del gobierno federal.
Alta biodiversidad, pero con presión ambiental creciente
Las selvas mexicanas albergan una parte significativa de la biodiversidad del país, considerado uno de los 12 países megadiversos del mundo. Estos ecosistemas concentran especies de flora y fauna únicas, muchas de ellas endémicas, y cumplen funciones clave como la captura de carbono, regulación del clima y protección de cuencas hídricas.
Sin embargo, especialistas y autoridades ambientales advierten que estos ecosistemas enfrentan presiones constantes derivadas del cambio de uso de suelo, expansión agropecuaria, tala ilegal e incendios forestales, factores que han contribuido a su degradación en distintas regiones.
Deforestación e incendios: principales amenazas
Datos de la CONAFOR indican que, aunque gran parte de la vegetación forestal aún es considerada primaria o nativa, una porción importante ha sido afectada por actividades humanas. Además, en años recientes los incendios forestales han impactado millones de hectáreas en el país, afectando también zonas de selva tropical.
En 2025, por ejemplo, los incendios forestales dañaron más de 1.2 millones de hectáreas en distintas regiones del país, lo que encendió alertas sobre la vulnerabilidad de estos ecosistemas frente a condiciones climáticas extremas y actividades humanas.
Conservación comunitaria, pieza clave
Uno de los elementos más relevantes en México es que más del 50% de la superficie forestal se encuentra bajo propiedad social, es decir, en manos de ejidos y comunidades indígenas y agrarias, lo que convierte a estas poblaciones en actores centrales para la conservación y manejo sustentable de las selvas.
En muchas regiones, estos modelos comunitarios han permitido mantener zonas con alto grado de conservación, combinando aprovechamiento forestal regulado, turismo ecológico y protección de recursos naturales.
Acciones oficiales de protección
El gobierno federal, a través de CONAFOR y SEMARNAT, ha implementado programas de reforestación, restauración de suelos, manejo forestal sustentable y conservación de áreas naturales protegidas, con el objetivo de frenar la pérdida de cobertura forestal y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas tropicales.
Entre las estrategias también se incluye el impulso a la vigilancia comunitaria y el combate a la tala ilegal, que sigue siendo uno de los principales retos en regiones con alta presión ambiental.
Importancia climática global
Los bosques tropicales mexicanos no solo son relevantes a nivel nacional, sino también global, ya que contribuyen a la captura de millones de toneladas de CO₂ al año, ayudando a mitigar los efectos del cambio climático y a estabilizar los ciclos hidrológicos.
Un patrimonio en riesgo
Aunque México conserva una de las mayores extensiones de selvas tropicales del continente, los expertos coinciden en que su permanencia depende de fortalecer la protección, reducir la deforestación y consolidar modelos de manejo sostenible en coordinación con las comunidades locales.
En este Día Internacional de los Bosques Tropicales, el llamado institucional se centra en reforzar la conservación de estos ecosistemas estratégicos, considerados esenciales para la biodiversidad, el clima y la vida de millones de personas.





