Ciudad de México. El gobierno de Estados Unidos ordenó la reducción de aranceles al acero utilizado en la industria automotriz, al pasar del 50% al 25%, lo que representa un recorte de 25 puntos porcentuales y una disminución de la carga arancelaria a la mitad.
La medida forma parte de ajustes a las políticas comerciales aplicadas en los últimos años bajo criterios de seguridad nacional, que habían elevado significativamente los costos de insumos clave para la producción de vehículos en la región.
Este cambio responde a presiones de la industria automotriz, que ha advertido que los altos aranceles encarecen la fabricación, reducen márgenes de ganancia y terminan impactando en los precios finales para los consumidores.
Para México, la reducción representa un alivio importante, ya que su sector automotriz depende en gran medida de las exportaciones hacia Estados Unidos, principal destino de los vehículos ensamblados en el país.
Con menores costos en acero, las armadoras instaladas en México podrán mejorar su competitividad frente a otros mercados internacionales, además de mantener su posición dentro de la cadena de suministro de América del Norte.
La disminución arancelaria también fortalece la integración regional en el marco del T-MEC, al facilitar el flujo de insumos entre los países miembros y favorecer la producción compartida en la industria automotriz.
No obstante, la medida no elimina completamente la incertidumbre comercial, ya que los aranceles continúan vigentes —aunque reducidos— y podrían modificarse en futuras revisiones del acuerdo comercial.
Especialistas señalan que las empresas mantienen cautela en sus decisiones de inversión, ante posibles cambios en las reglas comerciales que impacten nuevamente la operación del sector.
A pesar de ello, el ajuste de 50% a 25% es visto como una señal positiva para la economía mexicana, al abrir oportunidades para fortalecer su papel como uno de los principales centros de manufactura automotriz a nivel global.





