Querétaro. Miles de personas caminan desde la Sierra Gorda hasta la Ciudad de México para cumplir promesas o agradecer a la Virgen de Guadalupe. Por ello, las autoridades refuerzan cada año los operativos de salud y seguridad.
La peregrinación de la comunidad de Neblinas del municipio de Landa de Matamoros, es una historia que une fe, sacrificio y devoción en la Sierra Gorda de Querétaro.
Desde las imponentes montañas de la Sierra Gorda hasta la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, miles de peregrinos queretanos cumplen cada año una de las tradiciones religiosas más emotivas y arraigadas de México: la Peregrinación de Neblinas. Una caminata llena de fe, esfuerzo y lágrimas que ha marcado generaciones enteras.
La historia de esta peregrinación, a la que se unen peregrinos de los 18 municipios queretanos, se remonta a hace más de 100 años en comunidades como Jalpan de Serra, Landa de Matamoros, Arroyo Seco y Pinal de Amoles.
Todo comenzó como promesas personales de devotos que, ante enfermedades, sequías o milagros recibidos, se comprometieron a caminar cientos de kilómetros para agradecer o pedir protección a la Virgen de Guadalupe.
Lo que inició como un acto individual de fe pronto se convirtió en una tradición colectiva.
Los primeros peregrinos caminaban por senderos difíciles, enfrentando nieblas densas (de ahí el nombre “de Neblinas”), frío, lluvia y el cansancio extremo de recorrer más de 300 kilómetros.
Con el paso del tiempo, las asociaciones de peregrinos se organizaron para acompañar a quienes cumplían su manda, convirtiendo la caminata en un símbolo de unidad serrana.
Cada año, principalmente, entre finales de noviembre y diciembre, aunque luego las peregrinaciones empiezan desde julio, cientos de hombres, mujeres, jóvenes y hasta familias enteras se calzan las botas, cargan su morral y emprenden el camino.
Llevan consigo imágenes de la Guadalupana, cruces, banderas y, sobre todo, una profunda devoción que les da fuerzas para superar el dolor de los pies ampollados, el frío de las noches y la nostalgia de dejar a sus seres queridos.
La peregrinación no solo es un acto religioso: es un testimonio de resistencia, gratitud y esperanza. Muchos peregrinos cuentan historias conmovedoras: madres que caminan por la salud de un hijo, jóvenes que agradecen por superar una adicción, o abuelos que cumplen promesas de toda la vida.
En el camino se comparten alimentos, oraciones y lágrimas; se forman lazos que trascienden el cansancio.
Hoy, las autoridades de Salud, Protección Civil y los municipios de la Sierra Gorda acompañan esta tradición con operativos preventivos para cuidar la integridad de los participantes.
Pero el corazón de la peregrinación sigue siendo el mismo: la fe inquebrantable de un pueblo que camina unido hacia la Morenita del Tepeyac.
Los peregrinos de Neblinas, no es sólo una caminata, es un testimonio vivo de amor a la Virgen, de sacrificio y de la fuerza imparable de la fe queretana.





