Querétaro. Querétaro enfrenta la temporada de estiaje este año con reservas hídricas estables, gracias a una temporada de lluvias favorable en 2025.
La Comisión Estatal de Aguas (CEA) ha implementado medidas preventivas para garantizar el abasto durante esta época seca. Según datos oficiales, el estado inicia este periodo con un promedio de almacenamiento en presas del 64%, lo que representa una mejora significativa respecto a años anteriores.
Así mismo, las medidas gubernamentales incluyen campañas de concientización para el ahorro de agua, que arrancan formalmente el 21 de marzo.
La CEA se coordina con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) para monitorear diariamente los niveles de las presas. Además, se promueven acciones como la reparación de fugas y el uso eficiente del recurso en hogares y empresas.
En cuanto a la capacidad de las presas, Querétaro cuenta con 26 embalses monitoreados, con un total de 206.48 millones de metros cúbicos de capacidad.
Al 5 de marzo de 2026, almacenan 126.27 millones de metros cúbicos, equivalentes al 61% de su llenado total. Esto permite enfrentar el estiaje sin riesgos inmediatos, aunque se enfatiza la necesidad de un consumo responsable.
Presas clave como El Cajón y Jalpan se encuentran al 100% de su capacidad, destacando en la región. Otras, como Pirules en El Marqués, alcanzan más del 97%, reforzando la disponibilidad en zonas agrícolas. En contraste, algunas presas menores muestran niveles variables, pero el promedio estatal se mantiene positivo.
La región hidrológica Lerma-Santiago presenta un 67% de almacenamiento, con 31.24 millones de metros cúbicos. Mientras tanto, la región Pánuco está al 59%, con 95.04 millones de metros cúbicos disponibles.
Estos datos de CONAGUA indican un inicio de estiaje moderado, sin precipitaciones registradas en marzo.
Con un 73% de reservas al inicio de febrero, Querétaro mejora su posición frente al estiaje comparado con 2024 que fue la peor temporada de estiaje en la historia reciente de Querétaro pues fue considerada como la sequía más grave en 60 años, con impactos severos en el abasto y la agricultura.





