Washington, EU. Las últimas declaraciones de Donald Trump sobre Cuba se produjeron hoy en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El presidente estadounidense afirmó: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Sería un gran honor. Tomar Cuba de alguna forma. Ya sea liberándola o tomarla, creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieres saber la verdad”.
Describió a la isla como una “nación muy debilitada” y “failed nation”, en medio de un apagón nacional total y crisis energética extrema.
Trump insistió en que existen conversaciones activas con el gobierno de La Habana, pero priorizó resolver el conflicto con Irán antes de enfocarse plenamente en Cuba. “Estamos hablando con Cuba y algo pasará bastante pronto”, dijo, alternando entre la posibilidad de un acuerdo negociado y amenazas implícitas de acciones más drásticas si no se llega a un entendimiento.
Estas palabras llegan tras semanas de retórica agresiva. El 15 de marzo, a bordo del Air Force One, Trump declaró: “Cuba también quiere llegar a un acuerdo, y creo que muy pronto llegaremos a un acuerdo o haremos lo que sea necesario”. Reconoció que La Habana está “desesperada” por negociar, pero dejó claro que Washington mantiene la presión máxima con sanciones y bloqueo petrolero.
En declaraciones previas del 7 de marzo, durante eventos en Florida, Trump predijo que “Cuba está en sus últimos momentos de vida tal como es ahora”. Afirmó que el régimen comunista está “al final del camino”, sin recursos ni apoyo externo, y que un “gran cambio” es inminente, posiblemente con Marco Rubio liderando las negociaciones.
El 6 de marzo, en entrevista con CNN, el mandatario fue directo: “Cuba va a caer bastante pronto. Quieren hacer un acuerdo tan desesperadamente… Voy a poner a Marco [Rubio] allí y veremos cómo resulta”.
Vinculó el colapso cubano a éxitos previos contra Irán y Venezuela, presentándolo como parte de su agenda de “América Primero” en el hemisferio.
El 5 de marzo, en la Casa Blanca junto a empresarios cubanoamericanos, Trump habló de que “será cuestión de tiempo” para que los exiliados regresen libremente a Cuba. Sugirió un posible “friendly takeover” (toma amistosa), aunque luego matizó que podría no ser tan amigable, intensificando la percepción de amenaza de intervención.





